Almadraba: La trampa del atún rojo en la costa andaluza
Barbate y Zahara: atunes rojos de más de 200 kg y una red que parece un laberinto

La almadraba es una red con historia. Se tiende en la ruta migratoria del atún rojo; barcos alineados, cuerdas tensas y un entramado que obliga a los peces a entrar en un corredor hasta la muerte o la captura. La palabra viene del árabe y la técnica se practica en el sur de España desde hace siglos.
La jornada comienza antes del alba. Los pescadores señalan con gestos milimétricos; la red se mueve como una piel bajo la mar. Cuando llega la levantá, el trabajo es cooperativo: embarcaciones, marineros, y la precisión de cada maniobra definen la captura.
Ronqueo, cortes y sabores
En cubierta se escucha el ronqueo: el despiece del atún con cuchillo largo y manos expertas. De ahí salen ventresca, lomo y morrillo; partes destinadas al consumo fresco, a la mojama o al tataki moderno. La almadraba alimenta mercados locales y platos icónicos de la costa.
La técnica obliga a respeto: es oficio y rito. Pueblos como Barbate, Conil y Zahara viven la temporada con intensidad. La almadraba no es solo pesca; es narración colectiva, saber transmitir de padre a hijo.
Sobre la cubierta, la luz de la mañana revela la piel metálica del atún; la escena queda grabada: mar, redes y el brillo del cuchillo contra la carne del atún rojo.