Almadraba de Barbate: el oficio de la levantá del atún rojo
Almadraba de Barbate: el oficio de la levantá del atún rojo

En Barbate la «levantá» sigue siendo el instante en que las cuerdas tiran y la cubierta se llena de atún rojo. Oficio y rito a la vez. Redes de cordel tensas, barcas enfrentadas y decenas de almadraberos coordinando la maniobra que atrapa a los túnidos en su migración.
La almadraba es antigua. La palabra llega del árabe al-madraba. Técnicas similares describen fenicios y romanos: redes fijas formando laberintos, pasillos donde el atún queda aislado hasta ser izado al barco. El atún rojo del Estrecho pasa cada año hacia el Mediterráneo; la almadraba aprovecha ese movimiento para concentrar captura y trabajo humano.
La técnica y el oficio
La estructura se compone de muros de redes que llevan al «copo», la cámara final. El momento clave es la levantá: se sube la red, se ciñe al banco y comienza el desembarque. No es solo fuerza. Es experiencia leyendo corrientes, viento y comportamiento del atún. El resultado se refleja en cubiertas llenas de atún rojo y el olor metálico del pescado fresco.
En tierra, las plazas y las lonjas recogen la pesca; los cortes se hacen con cuchillo hábil y rápido, y el atún se transforma en tapas, lomos o salazones. La almadraba mantiene viva una tradición andaluza que combina mar, redes y manos curtidas en la faena.
La escena final: la última cuerda tensa, la red colgando como una telaraña salada y la mar cubierta de peces que volverán a viajar si el oficio lo permite.
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