Almadraba de Cádiz: tradición y atún rojo
Almadraba de Cádiz: la caza ancestral del atún rojo

En la costa de Cádiz, desde Barbate hasta Zahara de los Atunes y Conil, la almadraba sigue siendo un rito que canaliza la migración del atún rojo por el Estrecho de Gibraltar hacia las aguas de desove del Mediterráneo. Heredera de técnicas fenicias de hace tres mil años, la almadraba forma un laberinto fijo de redes que conduce a los bancos de Thunnus thynnus hacia la zona conocida como copo, la cámara donde termina la fuga.
Cómo funcionan las redes y la captura
Instaladas entre finales de marzo y principios de abril, las redes se despliegan en profundidades de 10 a 20 metros, creando pasillos que guían al atún. Tras la primera luna llena de mayo llega la intensidad: barcos en U rodean el copo y comienza la levantá. Almadraberos y arraeces, acostumbrados a la lucha, suben las redes a mano mientras algunos se lanzan al agua para enroscar las colas con cuerdas; después, grúas y garfios suben los ejemplares al puente para su sacrificio rápido y limpio.
Temporada y tripulaciones
La campaña dura entre seis y ocho semanas, con picos tras la luna de mayo. Las tripulaciones proceden de Barbate, Zahara, Tarifa y Conil: familias que han tejido redes, contado leyendas y mantenido canciones del mar bajo la mirada de Gibraltar. Los atunes pueden alcanzar 500 kg y 20 años de edad, y cuando entran en el lugar de lucha se mueven a más de 70 km/h, obligando a maniobras arriesgadas.
Cocina y folklore
En los puertos de Barbate las capturas van directo a lonja y mercado. De ahí nacen platos como sashimi de atún rojo, mojama curada y ventresca a la plancha. La faena y la preparación requieren herramientas sencillas: cuchillo afilado para lonchear y tablas limpias para cocinar. Entre relatos de lámparas y cantos, la almadraba sigue siendo una ceremonia donde la tradición, la pesca y la gastronomía se encuentran.