La almadraba: pesca antigua que protege praderas marinas
La almadraba y las praderas escondidas

Contexto
En la costa gaditana, entre Zahara de los Atunes, Barbate y Conil, la almadraba persiste como técnica ancestral para capturar atún rojo (Thunnus thynnus). Más allá de su valor cultural y gastronómico, existe una faceta menos conocida: las áreas donde se instala esta pesca artesanal han funcionado como refugios costeros que limitan actividades de mayor impacto en el lecho marino.
La historia oculta
Durante siglos, las almadrabas ocuparon franjas costeras en las rutas migratorias del atún; esas zonas se mantuvieron alejadas de la pesca de arrastre moderna. El resultado ha sido un efecto colateral sorprendente: la conservación relativa de praderas de Posidonia oceanica y otros hábitats cercanos, que actúan como viveros para especies locales y mejoran la calidad del ecosistema donde los atunes se concentran antes de la migración. Así, la técnica milenaria no solo alimentó poblaciones humanas en Cádiz, sino que, de forma inadvertida, contribuyó a proteger fragmentos del litoral frente a la degradación, creando un vínculo insospechado entre tradición pesquera y conservación marina.