La almadraba protege más de lo que atrapa
La almadraba protege más de lo que atrapa

Un secreto milenario en la costa de Cádiz
La almadraba, esa técnica fenicia que se sigue practicando en localidades como Barbate, Zahara y Conil, es famosa por capturar atunes rojos que superan los 300 kg. Pero lo que muchos desconocen es que su arquitectura de pasillos, corrales y «vena» actúa temporalmente como vivero y refugio para especies juveniles y bancos de peces forraje. Al canalizar las corrientes y crear zonas de menor movimiento, una almadraba bien situada favorece la agregación de alevines de lubina, sargo o jurel, y la presencia de huevos y larvas protegidos.
Impacto en praderas y biodiversidad
En las aguas gaditanas, donde sobreviven praderas de Posidonia oceanica, esas zonas de calma permiten que material vegetal y semillas se depositen en sustratos estables, facilitando la regeneración local. Pescadores y científicos locales han observado cómo, tras campañas de almadraba, aumentan temporalmente los bancos de peces pequeños alrededor de las redes, lo que atrae a depredadores juveniles y contribuye a la compleja trama de la costa.
Lección de tradición y mar
Almadraba no es solo historia o espectáculo: es un ejemplo práctico de cómo una técnica ancestral, aplicada con savoir-faire por pueblos marineros andaluces, puede coexistir con la naturaleza y mantener paisajes marinos saludables. Para quienes amamos el mar y la pesca en España, esa armonía entre artesanía, especie emblemática y fondo marino es un tesoro que merece ser contado y apreciado.