Atardecer en la Costa Brava: lubina en tres calas
Cala Sa Forcanera, Punta Santa Anna y Cala Morisca: tres escondites para lubina al atardecer

Cala Sa Forcanera aparece como refugio: inaccesible por carretera, solo por kayak, nado largo o recorriendo las rocas desde Santa Anna, y por eso la lubina la visita con menos presión al anochecer. Desde las rocas del borde exterior conviene lanzar hacia el rim y los cantiles donde la corriente junta cebos.
Punta Santa Anna, a un paso del centro de Blanes tras el puerto, ofrece fondos variados: Santa Anna, Nacra, Niell de Sant Francesc y S’Esquinça son nombres que delatan relieve sumergido. Las carnadas naturales y los bancos se traducen en lubinas que patrullan los márgenes; series de lanzadas paralelas ganan peces.
Cala Morisca, accesible desde la GI-682 por sendero, es poco visitada y de agua clara con guijarros dorados. El punto donde piedras claras encuentran agua más oscura y pequeñas cabeceras son los lugares donde la lubina se concentra antes de la noche.
Táctica, viento y señuelos
La estrategia funciona con técnica walk-and-cast desde la orilla: equipo ligero-medio, trabajar la superficie en agua rota, puntas y en la unión arena-roca. Estos enclaves tienen poca protección frente al viento; conviene elegir tardes calmadas después del oleaje diurno. Señuelos de superficie como popper, pencil y stickbait rinden al primer y último brillo del sol: recuperar con ritmo variable, paseos tipo walk-the-dog en puntos y tirones cortos frente a bordes rocosos.
La pesca nocturna temprana sale mejor apuntando a los canales donde la corriente concentra cebos y en las entradas de las calas. Un lanzamiento bien dirigido a la bocana o al filo de la rompiente suele provocar ataques explosivos; una lubina explota un popper entre destellos de sol en la bocana.