El dentón guardián de las Illes Medes
Illes Medes, siete islotes frente a l'Estartit

En la costa de l'Estartit, la palabra dentó tiene peso: dicen los viejos del port que un dentón grande rondaba el canal de les Medes como un vigilante de piedra. El pez, con perfil afilado y dientes visibles, aparecía al amanecer en la esquina de la cala y desaparecía en el cantil entre 10 y 40 metros, donde la roca y la posidonia hacen trampas de vida.
El guardián de la cala
Las historias de pescadores de l'Estartit y de Blanes se mezclan en noches de taberna: un barco que pierde una boya, una luz que marca la entrada, voces que juran haber visto al dentó girar junto a un mero. El relato toma el lenguaje de la pesca: paseantes al borde, mortales emboscadas junto al canal y movimientos al crepúsculo.
Para quien quiera dramatismo realista en la narración, el equipo entra en escena: spinning medio-pesado o jigging ligero, caña 2,10–2,40 m, trenza 0,15–0,20 mm, bajo 0,40–0,55 mm y señuelos de 12–20 cm o jigs de 40–80 g. En días calmados, los minnows rozan la punta; con mar movida, el metal desciende y provoca la furia del depredador.
La cocina toma su parte: un filete de dentón a la plancha, ajo, perejil y un chorrito de aceite de oliva, o un suquet mariner con patata y ajo que recoge la sal de la roca. Se cuenta que tras una buena captura, la pieza se comparte en la lonja y la leyenda se vuelve cena al amanecer, cuando un dentón corta la superficie y la cala queda en silencio.
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