Migración crepuscular de la anguila en el Ebro
Delta del Ebro: acequias y creeks de marea

Delta del Ebro, canales y cuatro lagunas principales concentran la actividad de la anguila europea; los pasos nocturnos se notan en acequias de 0,5 a 2 m de fondo y en bocanas donde el agua se estrecha.
La marea, aunque débil, marca ventanas: subidas y bajadas cortas crean el “hilado” que permite a la anguila avanzar pegada a la orilla y buscar refugio entre carrizos y taludes blandos.
Las fases lunares dictan ritmo. Noches sin luna multiplican las subidas; luna llena aplasta la actividad por exceso de luz. Las angulas aprovechan sombras de muros bajos y curvas cerradas para entrar y salir sin exponerse.
El pescador experto lee el borde: bocanas, entradas de corriente y zonas de drenaje actúan como trampas naturales. Las artes tradicionales —bussó y gànguil— reflejan esa misma lógica: seguir el paso nocturno en creeks y desembocaduras.
En salidas de fin de semana rinden los horarios 1–2 horas antes y después del cambio de marea. El aficionado se mueve en silencio, con vadeadores y linterna frontal regulada al mínimo para no espantar la subida.
Una anguila pegada al carrizo, deslizando hacia la bocana en la noche sin luna, resume la escena que cada temporada repite en el Delta.
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