Siluro y fogones del Ebro
Embalse de Mequinenza: siluros de hasta 240 cm transformaron la mesa del Ebro

En Mequinenza el siluro dejó de ser solo un trofeo. El gigantesco Silurus glanis, presente en las aguas del Embalse de Mequinenza y Ribarroja, cambió hábitos: de la caña y la barca al fuego y la cocina de orilla.
La pesca aquí es concreta y cruda. Mayo a octubre trae actividad; aguas por encima de 15°C activan a los grandes ejemplares. Vertical desde barco, cebos pesados como pellet de halibut y sardina, y postes profundos en lugares como La Granja de Escarpe o La Punta del Xop dan capturas que luego pasan a la cazuela.
Cocina ribereña: del río al arroz
El recetario adaptó técnicas sencillas: arroz caldoso con siluro, guisos hechos con un fumet de ostra de oídas y las espinas, sofrito de cebolla, ajo, tomate y pimiento. Una fórmula habitual usa 360 g de arroz bomba y un litro de caldo fuerte; trozos de siluro de 3–4 cm se incorporan al final, apenas 2 minutos, para mantener jugosidad.
La mesa nocturna junto al Ebro mezcla humo de leña, pimentón y filetes a la plancha. Siluro convive en platos con carpa, lucio y black bass; cada cual aporta textura y memoria de río. La tradición local convirtió la pesca deportiva en folklore culinario y en cenas que duran hasta la madrugada: brasas, cazuela humeante y la orilla iluminada por faroles, mientras el Ebro sigue igual.