Siluro y carrizales del Ebro
Deltebre: los pasillos nocturnos junto a los carrizales atraen al siluro en pasos de 1,5–4 m

La recuperación de los carrizales en el tramo bajo del Ebro transforma la orilla. La franja de juncos y canales crea refugios y corredores que el siluro aprovecha al anochecer.
Desde la orilla se detectan movimientos en los bordes donde el agua mezcla dulce y salobre; la marea apenas varía unos 20 cm, pero el gradiente salino sube kilómetros río arriba y dibuja mosaicos de claridad distintos cada noche.
Patrón de caza y competencia
El siluro prefiere las transiciones: bocas de canal, rinneras y bahías tranquilas. En pasos de 1,5–4 m y en pozas de 5–8 m se concentra la actividad nocturna. Allí comparte la oferta alimentaria con especies no nativas favorecidas por el agua de riego del arrozal, lo que intensifica la competencia por presas fáciles.
Desde la orilla funciona bien un montaje pesado con trenza 0,35-0,45 mm y un líder resistente; señuelos que trabajen justo sobre el fondo rinden mejor en aguas turbias, y los wobblers profundos resultan letales en canales con corriente débil.
La restauración aporta estructura, pero no devuelve un ecosistema intacto: aumenta la disponibilidad de refugio y crea corredores nocturnos más largos, alterando la dinámica entre depredadores. En la penumbra, las cañas tensas marcan el pulso de una delta que cambia, mientras entre el carrizo se escucha el choque seco de una presa tomada por un siluro grande.