La leyenda del siluro del Ebro
La leyenda del siluro del Ebro

El origen en las aguas
En los meandros del río Ebro, entre Mequinenza y el embalse de Riba-roja d'Ebre, surgió una historia que combina biología y folclore. El siluro, Silurus glanis, llegó a la cuenca en 1974 cuando el biólogo alemán Roland Lorkowski liberó 32 alevines procedentes del Danubio en la confluencia del Segre. Rápidamente se aclimataron en embalses como Riba-roja y Mequinenza, y con el tiempo ejemplares de más de 2,4 m y 100 kg se convirtieron en relatos comunes entre pescadores locales.
Noches de pesca y técnicas
Los noctámbulos de Caspe, Mequinenza y la Ribera cuentan batallas que parecen mitos: siluros que suben a cazar en aguas turbias de 8-15 m al atardecer, cebados con piezas enteras o trozos de caballa. Se emplean cañas de 3-4 m y carretes potentes, con anzuelos del 10/0 al 12/0, desde orilla o barca. Registros en Buñuel o Mequinenza —hasta 2,81 m y 130 kg en Navarra— alimentan esas veladas de pesca y memoria.
Cazuela, relatos y cocina
Al calor de una cazuela humeante de carpa o conejo, veteranos como José Manuel Martínez Tello y Abel Monreal relatan cómo un gigante casi volcó la embarcación o "hundía el pato" en la pelea. Para algunos el siluro es rey del Ebro; para otros, monstruo de las curvas. Sea mito o memoria, la leyenda del siluro une noches de pesca, técnicas locales y sabores que prolongan la charla hasta el alba.
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