Siluro del Ebro y sus sabores
Mequinenza y el siluro: noches de monstruos en el Ebro

En Mequinenza se cuentan capturas que rozan los cien kilos; el bajo Ebro y el Delta de l’Ebre son tierra de siluros gordos que emergen en noches de verano. Su cuerpo anguiliforme, cabeza ancha y largas barbillas dibujan sombras en agujeros a 3–6 metros de profundidad.
La pesca es nocturna y metódica: de finales de primavera a principios de otoño los cebos vivos —carpa o trucha— mandan, y la técnica de fondo con caña pesada y línea trenzada preside la orilla. Los grandes anzuelos y los aparejos lastrados se usan para domar tirones que arrastran barcas río abajo.
De barca a taberna: el siluro en la mesa
La cocina local aprovechó su músculo: sopa de siluro espesa, filetes empanados fritos en sartén de hierro y las huevas curadas que sirven como caviar de la zona. En las tascas de Deltebre y Casp los guisos llevan ñora, ajo y patata, y cada bocado remite a una noche de pesca y aceite caliente.
Las historias acompañan los platos: siluros que mordieron perros en la orilla, remos desgarrados y pescadores que vuelven al amanecer con la nevera llena. En la ribera el humo de la cocina y el olor a río forman un paisaje sonoro, la luna empuja la corriente y las sartenes cantan sobre la lumbre.
Recomendado: sartén hierro fundido