El guardián de caballas de Liérganes
El guardián de caballas de Liérganes

Origen de la leyenda
En la costa cantábrica, entre Santoña, Laredo y el propio valle de Liérganes, circula desde hace siglos la llamada leyenda del «caballa guardián»: un ejemplar de caballa (Scomber scombrus) de tamaño y comportamiento anómalos que, según relatos orales recogidos en las marismas del Abra y en la ría de Santoña, aparecía cada marzo como presagio de los grandes cardúmenes primaverales. La historia conecta con la tradición local del Hombre Pez de Liérganes, pero deriva en relatos marítimos sobre un pez que, en apariencia, guiaba a las embarcaciones de bajura hacia los bancos de pesca.
Rituales de jigging y cantos
La creencia se trasladó a prácticas de pesca: antes de zarpar en marzo, tripulaciones de pequeñas lanchas practicaban una breve coreografía de jigging —un lance vertical simbólico— y entonaban un estribillo tradicional de cantos de mareantes para «no ahuyentar» al guardián. Hoy, pescadores deportivos y aficionados al jigging en puertos como Suances reproducen esa secuencia como rito de buena suerte, empleando señuelos brillantes que evocan la silueta de la caballa y preservando versos que solo se oyen en reuniones tempranas de temporada.
Valor cultural y pesquero
Más allá de la superstición, el relato explica cómo la observación de un solo individuo podía traducirse en ventaja práctica: seguir movimientos atípicos en la superficie ayudó a localizar bancos antes de la era de la sonda. La leyenda del guardián de caballas, por tanto, es un ejemplo poco conocido de cómo folklore, conocimiento empírico y prácticas modernas de jigging conviven en la cultura pesquera cantábrica.