Ruinas sumergidas: por qué Mequinenza cría peces gigantes
Ruinas sumergidas: el vivero secreto de los gigantes en Mequinenza

Un paisaje artificial que parece natural
En la ribera alta del Ebro, el embalse de Mequinenza —el llamado "Mar de Aragón"— no es solo famoso por sus trofeos de black bass y siluro: su fondo guarda un pueblo entero. Cuando se levantó la presa, calles, muros y árboles quedaron sumergidos y hoy actúan como una suerte de arrecife dulceacuícola. Esas estructuras verticales crean cuevas, pasillos y terrazas donde se refugian los alevines y se concentran los peces pequeños, formando despensas permanentes para los grandes depredadores.
Por qué los peces crecen más y mejor
La mezcla de aguas del Ebro con los sedimentos ricos en nutrientes del pantano, junto a la complejidad del relieve sumergido, favorece una cadena trófica hiperproductiva: insectos, camarones de río y ciprínidos proliferan en los muros y enredaderas, y los depredadores aprenden a explotar esos “habitáculos” como puntos de caza. Ese microhábitat reduce el esfuerzo de búsqueda, aumenta la tasa de supervivencia juvenil y acelera el crecimiento de lucios, black bass y siluros hasta tamaños sorprendentes.
Una lección para el pescador
Si buscas una jornada memorable, busca las elevaciones y restos verticales, cambia a señuelos que trabajen cerca de estructuras y no te sorprendas si lo que parece un viejo balcón devuelve un lance de 5 kilos: la historia humana sumergida está alimentando la leyenda piscícola del Ebro.