Siluro y mesa en Mequinenza
1974: Roland Lorkowski soltó 32 alevines de siluro en Mequinenza

La introducción del siluro cambió el paisaje del Ebro en la ribera aragonesa. De pez foráneo a estrella deportiva, la maguila colonizó tramos profundos y cálidos del embalse y la pesca nocturna se convirtió en rito.
Historia y torneos
Las jornadas de pesca con cañas largas, sedales trenzados y anzuelos grandes evolucionaron hasta torneos internacionales celebrados en Ribarroja y Mequinenza. Combates de horas y capturas de 50 a 100 kg redefinieron el espíritu competitivo local.
Las barcas que salen del paseo y de la presa llevan equipos clásicos: plomos pesados, cebos vivos como gardas o cangrejos y paciencia. Guías locales transformaron saberes en negocio; pesca y turismo generan millones para alojamientos, guías y ferias.
En la cocina la transformación fue radical. De “bicho” a manjar: filetes asados en barbacoas con ajo y pimentón, paellas mixtas de siluro y lucio en las fiestas, escabechados en tabernas del Ebro. Raciones generosas de 1–2 kg aparecen tras los torneos, junto a historias de hoguera sobre maguilas gigantes.
Folklore y cine llegaron después: leyendas de siluros devoradores, documentales que trajeron curiosos y una escena nocturna donde, bajo la luna, un siluro de dos metros emerge y la barca tiembla.
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