Efecto siluro en Mequinenza
En Mequinenza, siluros de hasta 2,30 m cambian la hora del lance.

El siluro del Ebro actúa como depredador nocturno. Su pico de actividad cae al crepúsculo y primeras horas de la noche, sobre todo en veranos con aguas en torno a 18–20°C; en tramos ricos en carpa puede mostrarse activo incluso en plena luz.
Los pescadores cuentan que dorada y lubina retrasan su ventana de alimentación entre una y dos horas tras la puesta de sol, y se mueven a zonas de 3–6 m junto a estructuras sumergidas: raíces, juncos y bajos rocosos.
Patrones de cebado y aparejos
Para enfrentarse al siluro la táctica local es clara: caña reforzada, línea trenzada 0,40 mm y líder antiabrasión; carretes con freno alto y plomos capaces de mantener el anzuelo en el estrato deseado.
Se usan pellets compactos, carpa muerta, anguila viva y señuelos vibrantes que imitan movimiento nocturno. Los cebos se colocan más profundos y más lejos de orilla para evitar la detección por las largas barbillas del siluro.
Los rangers y viejos del pantano observan posiciones de desove en mayo en arenas someras de 0,5–1,5 m, donde el siluro protege crías; la incubación allí es rápida, 6–7 días dependiendo de la temperatura.
La consecuencia ecosistémica es tangible: cambios en ventanas de alimentación, uso distinto de estructuras y una presión sobre tácticas de pesca que obliga a adaptar horarios, cebos y ecosondas para encontrar a dorada y lubina fuera del alcance del gran siluro.
En la penumbra de Mequinenza, el golpe seco de una captura poderosa altera el espejo oscuro del Ebro mientras el siluro busca, paciente, su próxima sombra.
Recomendado: línea trenzada 0.40 mm