Evolución del siluro en Mequinenza
Mequinenza, 1974: la introducción del siluro alteró para siempre las noches del Ebro

En las primeras décadas la pesca en Mequinenza fue un oficio de barcas de remos de madera y paciencia; hoy domina la barca con motor y las plataformas ancladas que permiten pasar la noche en vela sobre el embalse y la cola de Riba-roja.
El siluro, capaz de alcanzar 2,5 metros y piezas cercanas a los 100 kg según relatos locales, convirtió a Mequinenza en la meca nacional. Los pueblos de Caspe, Chiprana, Escatrón y Sástago quedaron como bases clásicas para jornadas largas y búsquedas de cantos y cortados.
Las técnicas nocturnas evolucionaron en tres vías claras: spinning o lance para piezas activas, montajes de pellet como cebo muerto y la pesca desde embarcación fondeada durante la noche con alarms y sondas. El siluro es un cazador nocturno y la pesca se desplazó a atardeceres, anochecidas y amaneceres; la ventana productiva más señalada llega en primavera y vuelve en septiembre y octubre.
Ritual, folklore y cocina junto al río
La transformación fue también cultural: del remo silencioso al fondeo, del cebado puntual a la cobertura con ancla y equipamiento para pasar la noche. Los relatos de Mequinenza mezclan técnica y sabor; al final de una larga jornada, filetes en cazuela o a la plancha comparten fogón con otras tradiciones del Ebro.
La imagen persiste: una barca fondeada bajo la luna, la sonda encendida y un carrete que rompe el silencio sobre las aguas oscuras del embalse a las tres de la madrugada.
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