Noches de siluro en Mequinenza
Noches de siluro en Mequinenza

Origen y pesca nocturna
Embalse de Mequinenza, 1974: la llegada del siluro cambió la costa del Ebro para siempre. Silurus glanis que superan 100 kg y largos de más de 2,5 m convirtieron a Mequinenza en destino europeo. Los pescadores de la zona trabajan en la penumbra. La actividad del siluro crece al caer el sol; se mueve entre sombras, carrizales y fondos profundos, evitando la luz directa y buscando estructuras donde acechar.
Ritual junto al arroz
Las orillas se llenan de tiendas, barcas y brasas. Se monta la paellera sobre el círculo de butano o sobre fuego lento. Arroz bomba, caldo de pescado, azafrán, pimiento, ajo y un buen chorro de aceite de oliva: la paella se comparte mientras las cañas esperan. El vino de Cariñena circula en cantimploras; el humo perfuma la noche y los relatos se alargan hasta la madrugada.
Técnicas, tiempos y lugares
Dos métodos dominan la ribera: spinning desde kayaks o barcas para cubrir zonas activas y la pesca a pellet desde la orilla o embarcación para atraer ejemplares grandes. Sitios como la confluencia Segre-Ebro y tramos de Caspe, Chiprana y Escatrón mantienen fama por piezas enormes. Marzo trae días calientes en el agua, con temperaturas que pueden subir hasta 25 °C y abundantes capturas; mayo llama a los que entran en barca, aunque es época de desoves para el siluro y cambia la dinámica.
Comunión nocturna
El acontecimiento es social tanto como deportivo. Noches de siluro en Mequinenza significan faroles, conversaciones largas, redes listas y la paellera humeante junto al río.
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