Siluro y pulsos en Mequinenza
Mequinenza registra desplazamientos nocturnos de siluro entre 18,6 y 49,5 m alrededor de sus cubiles.

El siluro del Ebro concentra la actividad nocturna en pozas profundas, márgenes sombreados, remolinos junto a islas y escolleras y en fondos de arcilla y limo con troncos hundidos; al caer la luz asciende a zonas someras para cazar ciprínidos y cangrejo rojo. En el tramo Mequinenza–Riba-roja–Flix los telemetristas muestran movimientos cortos y patrones radiales que parten del refugio principal.
Cuando los embalses liberan agua o los canales cierran ciclos de riego, los pulsos de caudal rearman corredores: bocanas de canales, retornos y bordes de corriente forman franjas de mezcla donde las presas quedan concentradas y el siluro coloca emboscadas en las orillas iluminadas por la última luz.
Ventanas y hotspots
Las ventanas más potentes son el crepúsculo y las primeras horas de la noche, con picos prácticos de actividad entre 20:00–24:00 y 03:00–06:00; en verano las bancadas profundas de 5–15 m y los cambios bruscos de profundidad bajo cortados y escolleras son los lugares clave. En primavera y a finales de verano los grandes ejemplares exploran ensenadas ricas en carpa.
En salidas cortas cerca de Mequinenza conviene buscar bocanas de canales y sombras largas de puentes, combinar cañas contundentes con sondas que marquen remolinos y entradas de agua, y vigilar el crepúsculo: la imagen que suele repetirse es la de un borde iluminado por luna y la sombra de un tronco con siluros patrullando la orilla.
Las variaciones de nivel no solo crean ventanas de caza sino que reconfiguran corredores nocturnos: pulsos intensos abren rutas temporales entre pozas mientras descensos prolongados aíslan refugios y modifican la disponibilidad de presas, una dinámica que define dónde aparece la pesca buena en cada salida.