Bocadillo de siluro en Mequinenza
Bocadillo de siluro junto al Ebro en Mequinenza

Un siluro de 130 kg y 2,5 m que rondó Mequinenza pasó a leyenda entre las tripulaciones nocturnas del Ebro. Desde Riba‑Roja hasta el triángulo de arena de Mequinenza, abril a septiembre es temporada alta: luna llenando el río y jornadas que arrancan al anochecer y terminan pasada la medianoche. Agua 15–22 °C; bahías profundas de 8–18 m; estantes de madera a 4–7 m. Cañas 3,9–4,3 m, plomos 100–160 g, hilo 80–100 lb y líderes 150–200 lb. Black Cat y carretes potentes son habituales; pellets empapados en aceite de halibut están entre las trampas favoritas.
Ritual ribereño
Bajo la desembocadura del Matarraña y en los bancos de Port Massaluca, las tripulaciones montan parrilla portátil o placas de gas. Surge el bocadillo de siluro: filetes de Silurus glanis de 1,5–2 cm, salados, pincelados con aceite de oliva y limón, a la brasa 3–4 minutos por lado; la carne queda blanca y firme, entre lubina y rape. Se sirve en barra de pan candeal con alioli o salsa de pimiento del piquillo. En noches de luna llena alguien fríe hígado o corazones con ajo y vinagre de Jerez para acompañar.
Historias, nudos y leyendas
Las historias fluyen tan densas como el equipo. Se recuerdan las sueltas de 1974 junto a la presa, las batallas en Boca‑de‑la‑Leonessa y los consejos que pasan en los campamentos Ebro‑Fishing y Catfishing Spain. Zonas donde carpa y lucioperca comparten los mismos bloques sumergidos siguen siendo mitos ribereños. El primer bocadillo de la noche se come de pie, caña en mano y cerveza fría en la otra; un rito que mantiene a Mequinenza como capital del siluro en Europa.
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