Siluro al ajillo de Mequinenza
Embalse de Mequinenza y el Ebro traen siluros de 1–2 m a la orilla

La noche en Mequinenza huele a río, a mosquito y a fuego bajo; los siluros del Ebro son la excusa perfecta para una cena sencilla y potente: siluro al ajillo. Se parte de 600–800 g de filete para 2–3 personas, 4–6 dientes de ajo laminados, 3 cucharadas de aceite de oliva, 20–30 g de mantequilla, sal, pimienta y un chorrito de vino blanco o limón.
El método va al grano. Secar y cortar el filete en trozos del tamaño de la palma. Salpimentar y, si se desea crujiente, enharinar ligeramente. Calentar aceite y mantequilla a fuego vivo. Dorar el ajo hasta que tome color y retirarlo. Freír los trozos de siluro 3–4 minutos por lado según grosor. Añadir vino o limón, devolver el ajo y espolvorear perejil.
Consejos de fileteado para ejemplares grandes
El arte está en el control. Trabajar sobre una tabla firme con un cuchillo filete flexible de 10–15 cm. Cortar detrás de la cabeza y seguir la columna en una sola pasada. La carne puede ser densa; recortar la capa más oscura si se quiere sabor más suave. Retirar las costillas y, si la piel está gruesa, pelarla. Enfriar pronto y cocinar el mismo día.
En la orilla, el aroma a ajo y vino se mezcla con las historias de piezas que superan los dos metros. Una sartén caliente, un siluro dorado y la luna asomando tras el puente de Mequinenza.
Recomendado: sartén antiadherente