Siluro y noches en el Ebro
Mequinenza, 1974: la llegada del siluro que cambió las noches del Ebro

La suelta en Riba-roja abrió una era. Desde Mequinenza hasta Deltebre, el Ebro pasó a medirse por siluros; ejemplares habituales de 1,3–1,6 m y 50–100 kg obligaron a transformar costumbres.
La pesca nocturna se impuso. El siluro es depredador nocturno: los pescadores adoptaron turnos bajo luna y faroles, y las conversaciones largas en las orillas sustituyeron a las jornadas diurnas. La técnica cambió: se usan cañas pesadas de 100–200 g, línea trenzada 60–80 lb y plomos de 300–500 g; cebos grandes como anguilas o carpas y montajes tipo boom son habituales.
Cambios en las embarcaciones
Los botes evolucionaron: los bancos estrechos dieron paso a cascos anchos, bañeras profundas y baos reforzados para facilitar el manejo de piezas de más de 100 kg. Algunos optaron por configuraciones tipo belly boat para acercarse sigilosos a la orilla durante la noche.
La cultura culinaria del Delta también mutó. El guiso de siluro y el arroz del Delta con trozos de siluro reemplazaron recetas de carpa y barbo en muchas mesas locales; las sobremesas nocturnas llevan historias de picadas, lances imposibles y filetes en cazuela al fuego lento.
En las orillas de Deltebre, cuando la lumbre prende y la ciudad industrial queda atrás, se escucha el chasquido de una carrete y llega el olor del arroz con siluro antes del amanecer.
Recomendado: línea trenzada 80 lb