Odisea del siluro en el Ebro
Mequinenza: siluro de 3,5 m y 140 kg que marcó el río

La presencia del siluro en el Ebro dejó relatos que se cuentan en las orillas de Mequinenza y la delta como leyenda reciente. Los pescadores narran capturas monumentales y la sombra lisa que recorre las profundidades, una máquina de depredación que ha crecido hasta alcanzar 3,5 m y 140 kg en ejemplares extremos.
Los viejos del club de Mequinenza describen migraciones nocturnas a 5–15 m de profundidad, movimientos sincronizados con la subida de agua y la luna. Esa dinámica obligó a adaptar la técnica: caña de carbono 120–150 cm, líneas trenzadas pesadas, anzuelos XL y señuelo swimbait para imitar a los grandes ciprínidos y lucios que habitan el Ebro.
El cambio en la biota del río es palpable: menos truchas en algunos brazos altos, lucio y carpa más esquivos, y el siluro tomando el protagonismo en canales, embalses y brazos profundos. En la delta los relatos son de noches en vela, luces en las barcas y filetes que acaban en cazuelas lentas o a la parrilla entre amigos, versiones rústicas de cocina ribereña con tomate y pimentón.
Técnica y cocina nocturna
La pesca nocturna exige paciencia y señuelos grandes; el golpe de un siluro se siente como un tractor que tira y gira. Los relatos culinarios recomiendan lonchas gruesas para guiso o plancha, y humo de sarmiento para acompañar un filete robusto. La luna corta la superficie, las cañas arqueadas apuntan al agua y los siluros suben a cazar entre las cañas; así se ve la Odyssea del siluro en el Ebro.
Recomendado: señuelo swimbait grande