Historia del siluro en Mequinenza
Historia del siluro en Mequinenza

Origen y primeros sueltos
La transformación de Mequinenza tras la inauguración del embalse del Ebro en 1964 abrió un ecosistema favorable para depredadores como el lucio, el black-bass y, pronto, el siluro, apodado "monstruo del Ebro". La historia moderna comienza en la primavera de 1974, cuando el biólogo alemán Roland Lorkowski cruzó los Pirineos con 32 alevines del Danubio y los liberó en las aguas profundas —en puntos de 50-60 metros— para que se adaptaran al embalse recién lleno. En 1979 los pescadores locales empezaron a extraer los primeros ejemplares, que inicialmente se confundieron con bagres gigantes.
Expansión y genética
En 1995 el naturalista francés Oliver Portrat aportó 200 alevines procedentes del Po, introducción que reforzó la diversidad genética y la resistencia de la población. El siluro prosperó en el clima cálido del Ebro, colonizando tramos de Mequinenza, Riba-Roja y avanzando río arriba hasta Caspe, alimentándose de carpas, lucios y otros peces de río.
La noche y la pesca deportiva
Desde los años 80-90 la pesca nocturna popularizó la especie. La temporada óptima va de mayo a septiembre, con aguas entre 18 y 25 °C. Guías locales adaptaron métodos del británico Kevin Maddocks: cañas de 3-4 metros, potencias altas, líneas trenzadas 0.80-1.00 mm y anzuelos grandes 10/0; cebos vivos de 15-20 cm en profundidades de 10-30 metros. Los combates duran entre 1 y 3 horas y en la base de Mequinenza se han registrado ejemplares de 2,5 m y 130 kg desde embarcación.
Cultura ribereña y cocina
El siluro dejó de ser sólo un trofeo: alimentó relatos junto a hogueras, anécdotas de noches en el río y recetas locales que aprovechan su carne en guisos y frituras. En Mequinenza la presencia del siluro es elemento identitario: turismo, pesca nocturna y tradición culinaria que atraviesan generaciones ribereñas.
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