Zahara de los Atunes y la almadraba: atún rojo y redes
Zahara de los Atunes y la almadraba: atún rojo y redes

Zahara de los Atunes guarda la voz de la almadraba, donde el atún rojo del Atlántico atraviesa la costa en primavera y topa con una trampa de redes que la comunidad conoce al dedillo. Redes, boyas, barcos de madera; la escena huele a sal y a hierro. El instante del lance es un animal vivo y una coreografía.
La almadraba no es una sola acción sino una sucesión de pasillos de red que guían al atún hacia un caladero final. El pescador maneja la red con manos curtidas; la técnica exige paciencia, fuerza y sincronía entre embarcaciones. No hay artificio: sólo experiencia y la marea que empuja los bancos.
Sus raíces vienen de tiempos antiguos, adaptadas por marineros fenicios, romanos y andalusíes; cada generación añadió un gesto nuevo al montaje de la trampa. La palabra almadraba misma viaja en la costa, y las familias que viven de ella leen el mar como un libro.
Cortes, conservas y mesa
Los cortes de atún que salen de la almadraba tienen nombres propios: morrillo, ventresca, tarantelo y lomos. Barbate y Conil escriben parte de su cocina en esas piezas. La conservación en aceite y escabeche, y las conservas artesanales de la costa gaditana, transforman el pescado en memoria para la despensa.
Bajo el cielo del Estrecho, la red brilla al amanecer, y el cuchillo resuena en la cubierta mientras el pueblo sigue contando la historia en la plaza, entre olores a fritura y piezas colgadas para la venta. La imagen queda: redes tensas, manos secas, atún rojo que parece más grande cuanto más se lo mira.