Zahara de los Atunes y la almadraba: anatomía de una pesca milenaria
Zahara de los Atunes y la almadraba: anatomía de una pesca milenaria

Zahara de los Atunes lleva el atún en el nombre y la almadraba en las manos de su gente. El procedimiento atrapa al atún rojo (Thunnus thynnus) durante su migración; la red se convierte en pasillo y luego en cámara donde los pescadores, los almadraberos, realizan la famosa levantá.
La técnica tiene raíces fenicias y romanas y sobrevivió por su eficacia: guiar cardúmenes con series de redes hasta un recinto final. No es arte ni escteto: es músculo, nudos y ojo para el mar. Las redes trabajan como muros invisibles que obligan al atún a seguir una ruta ya marcada.
La levantá y el ronqueo
La levantá es el momento culminante, cuando las redes se recogen y el barco y la tripulación muestran quién manda en esa hora. Tras la captura viene el ronqueo: el despiece sobre cubierta, la ventresca expuesta y el brillo rojo del músculo que todos conocen.
El oficio genera vocabulario propio —almadrabero, levante, ronqueo— y platos arraigados: conservas, ventresca y cortes que hablan del mar donde el atún viaja cientos de kilómetros. Las playas cercanas guardan el olor salado de la faena y la memoria de generaciones.
En la bocana, al amanecer, las lanchas se alinean y se escucha el crujir de las redes y el golpe seco de los remos; el mar retorna su trozo de historia cada vez que aparece un ronco atún rojo en la cámara.
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