La noche de las pesqueiras de Arbo
Las pesqueiras de Arbo y la lamprea del Miño

Más de veinte metros de piedra pueden adentrarse en el Miño como un dique artesanal. En Arbo, Pontevedra, estas pesqueiras forman un paisaje único entre el agua y la ribera: muros colocados sin argamasa que resisten la corriente y conducen a la lamprea hacia el lugar exacto de la captura.
El laberinto de piedra
Las pesqueiras suelen disponerse en baterías paralelas al río. Sus cuerpos separados, llamados poios, dejan callejones estrechos por los que el agua acelera. La lamprea, que remonta el Miño empujada por su instinto, encuentra en esos pasos una corriente más ordenada y termina guiada hacia las redes cónicas conocidas como buiturón o biturón.
El trabajo pertenece a la noche. El lampreeiro maneja la red sobre piedra mojada, con el río vivo y la oscuridad pegada a los muros. No hay ruido de puerto ni grandes embarcaciones: solo el golpe del agua contra los bloques y el movimiento preciso de unas manos acostumbradas a leer cada remolino.
La temporada gastronómica ocupa sobre todo los meses fríos, desde enero hasta abril. En Arbo, la Festa da Lamprea se celebra desde comienzos de los años sesenta y convierte esta pesca tradicional en una cita de mesa, vino y relatos junto al Miño. La protagonista es Petromyzon marinus, un pez de aspecto prehistórico que mantiene intacto su prestigio gallego.
La preparación más famosa es la lamprea a la arbense, cocinada en su propia sangre y servida con una salsa intensa. Para seguir el rastro del oficio, la Senda das Pesqueiras parte de la playa fluvial de Sela y recorre unos 850 metros con paneles interpretativos. Al caer la noche, las botas de agua crujen sobre la piedra y el buiturón espera entre dos muros, justo donde el Miño estrecha su corriente.
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