El barbo comizo depredador de Cíjara
El barbo comizo que patrulla Cíjara

En el embalse de Cíjara, sobre el Guadiana y entre Cáceres y Badajoz, el barbo comizo no se comporta como un pez de fondo previsible. Los ejemplares grandes recorren las puntas rocosas, los cortados y las desembocaduras del Estena como auténticos depredadores oportunistas. Algunos superan los nueve kilos, una talla que explica la reputación de este embalse entre los pescadores de Extremadura.
Roca, profundidad y cambios de agua
Las mejores señales aparecen donde una punta cae de golpe entre tres y ocho metros, en los bordes de antiguos canales y en las cortas que conservan cinco o más metros. También resultan productivas las entradas de arroyos, sobre todo cuando mezclan piedra, fango y una corriente suave. La madera sumergida junto a un bajo rocoso completa uno de sus escenarios favoritos.
El final de la primavera y el verano activan su carácter cazador. Con el agua caliente, los barbos pueden subir a las capas superficiales y atacar paseantes y señuelos de hélice. Al amanecer y al atardecer se acercan a las orillas someras; durante las horas de mayor luz, las cucharillas, los crankbaits y los pikies permiten barrer cantiles y líneas de roca.
Para buscar los ejemplares más corpulentos, el cebo muerto de alburno o sardina se trabaja cerca del fondo. Un montaje robusto, con fluorocarbono de 0,50 a 0,80 milímetros y dos poteras, soporta sus arrancadas violentas. La picada suele ser seca, pero la pelea continúa con carreras largas hacia la piedra y la madera.
Cíjara es conocido por el lucio y el black bass, aunque el barbo comizo domina una escena propia cuando abunda el alburno. Al caer la tarde, las puntas del Guadiana quedan en silencio; entonces una estela corta rompe la superficie y delata al gran barbo antes de que vuelva a hundirse.
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