La noche del bonito en Burela
El regreso del bonito del norte a Burela

En Burela, en la costa de Lugo, una descarga de 22.800 kilos puede transformar la madrugada en un espectáculo de voces, cajas y carros. El bonito del norte, llamado también atún blanco o albacora, llega en lotes brillantes después de una jornada de cacea por el Cantábrico. Cuando los barcos aparecen en la bocana, la lonja ya prepara su propio teatro.
La cacea es un arte de superficie, limpio y artesanal. Las embarcaciones remolcan varias líneas provistas de anzuelos y señuelos de colores, a menudo confeccionados con tiras que imitan pequeños peces. El bonito ataca con fuerza al amanecer y al caer la tarde, justo cuando la luz cambia sobre el agua. Cada captura conserva en la piel la señal de una persecución rápida, sin redes que oculten el pulso del lance.
Una subasta con sabor a costa lucense
La rula de Burela no vive solo del bonito. Allí comparten espacio la merluza de pincho de Gran Sol, la caballa, el chicharro y el pulpo, dentro de una variedad que puede alcanzar 116 especies en un mismo día. En verano, entre junio y octubre, el bonito manda: las pujas avanzan mientras compradores y trabajadores reconocen tamaño, firmeza y brillo en cada pieza.
En la cocina gallega, esa carne clara y compacta pide sencillez. La ventresca admite una pasada breve por la plancha con aceite de oliva, sal gruesa y unas gotas de limón; el lomo queda jugoso cuando el centro conserva un tono rosado. También funciona en conserva casera, con cebolla, pimiento y laurel, una preparación que prolonga el recuerdo de la campaña mucho después de que el puerto recupere el silencio.
De noche, las cajas se alinean bajo las luces blancas, el hielo cruje y el olor salado se mezcla con el gasoil de los pesqueros. En el muelle, los últimos barcos de cacea entran despacio mientras la lonja canta el precio de la siguiente pieza.
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