Las noches de angula en el Nalón
La noche de las angulas del Nalón

Más de medio siglo de capturas convierte al Nalón en el gran archivo vivo de la angula asturiana. En la ría de San Juan de la Arena, junto a Soto del Barco, la cría de la anguila europea, Anguilla anguilla, aparece cuando la luz desaparece y el agua mezcla el río con el Cantábrico. Allí la pesca nocturna tiene algo de oficio antiguo y algo de relato de suspense.
Las embarcaciones avanzan despacio por la desembocadura. La luna dibuja una franja pálida sobre la corriente y cada pescador busca el momento en que las pequeñas angulas transparentes se concentran. El cedazo, manejado con paciencia, entra y sale del agua en un ritmo casi hipnótico. En tierra, San Juan de la Arena y Cudillero mantienen una memoria marinera que también se escucha en la rula, entre cajas, voces bajas y la tensión de cada lote.
Del río a la cazuela
La historia de esta pesca no termina al amanecer. En las casas y sidrerías de L’Arena, la receta clásica conserva la sencillez que mejor respeta el producto: ajo laminado, aceite de oliva y guindilla. La cazuela muy caliente recibe las angulas durante apenas unos instantes; el aceite chisporrotea, el ajo perfuma la sala y el plato llega a la mesa con una textura delicada y firme.
Ribadesella y la ría del Sella comparten esa tradición, mientras los ríos Narcea y Esva completan el mapa angulero asturiano. Pero en el Nalón la escena posee una fuerza especial: barcas oscuras, niebla baja y el brillo casi secreto de cientos de cuerpos diminutos sobre el cedazo, justo antes de que la primera claridad toque la ría.