La llampuga y los capcers de Mallorca
La llampuga llega a Mallorca a mediados de agosto

Desde mediados de agosto, la llampuga, Coryphaena hippurus, convierte el litoral de Mallorca en un escenario de aguas azules, aves inquietas y jornadas de pesca que se alargan hasta el otoño. Su presencia marca el cambio de estación: aparece con fuerza en septiembre y puede seguir llegando a los mercados de la isla hasta noviembre o diciembre.
La imagen más mallorquina es la del capcer flotando mar adentro. Estas estructuras, hechas tradicionalmente con corcho, ramas y otros materiales capaces de mantenerse a flote, proyectan sombra y atraen pequeños peces. Bajo ellas se reúne la llampuga, y alrededor se cala la llampuguera, una red ligada a la pesca tradicional de Mallorca y de las Baleares.
Curricán ligero entre pajareras
Para la pesca recreativa, el curricán ligero es la técnica clásica. La embarcación avanza entre cinco y siete nudos, siguiendo líneas de espuma, restos flotantes y, sobre todo, pajareras: grupos de aves que delatan un banco de cebos perseguido desde abajo. Una caña de curricán firme, señuelos brillantes y una mirada atenta suelen bastar para detectar el momento.
Los fondos próximos a los 90 metros son una referencia habitual en Mallorca, aunque la llampuga también puede acercarse a espigones cuando el banco pasa cerca de la costa. Tras una tormenta, el mar recupera la calma y los objetos flotantes vuelven a convertirse en puntos de reunión. Entonces el pez muestra sus colores verdes, azules y dorados antes de entrar en la estela.
En la cocina mallorquina, la llampuga se disfruta fresca, cortada en lomos y pasada por una sartén de hierro con aceite, ajo y perejil. También admite tomate, cebolla y pimiento, sabores de otoño que acompañan su carne firme. Al caer la noche, el olor de la captura recién hecha se mezcla con la sal del puerto, mientras las luces de Mallorca tiemblan sobre el agua.
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