Lucioperca en Ricobayo: fin de semana entre cortados
Ricobayo, la lucioperca bajo las laderas de Zamora

Con unas 5.725 hectáreas, el embalse de Ricobayo convierte el Esla en un laberinto de agua profunda junto a Ricobayo de Alba y Muelas del Pan. En algunos canales supera los 80 metros, una dimensión que cambia por completo la estrategia: la lucioperca no patrulla al azar, sino que utiliza los desniveles, las piedras y los restos de antiguos cauces como rutas de caza.
Los viejos cauces son la primera pista
Durante un fin de semana, las mejores referencias están en las transiciones entre roca y limo. Allí se concentran pequeños peces pasto y la lucioperca puede permanecer pegada al fondo, especialmente cuando la luz empieza a caer. Las laderas graníticas cercanas a la presa ofrecen escalones muy marcados, mientras que los brazos laterales y las colas reciben movimiento de agua y reúnen actividad.
La jornada empieza con una caña de spinning de 2,10 a 2,40 metros, suficiente para lanzar con precisión y mantener contacto con el señuelo. Los vinilos alargados y los jigs ligeros permiten rastrear diferentes cotas; en los cortados profundos, una cabeza plomada algo más pesada ayuda a que el montaje roce el fondo sin perder sensibilidad.
Ritmo de pesca para dos días
La primera mañana conviene recorrer las orillas accesibles y localizar cambios bruscos de profundidad. Después, una sonda portátil resulta decisiva desde embarcación para distinguir el antiguo cauce, las repisas y las concentraciones de peces pasto. La lucioperca suele activarse con ventanas breves, por lo que repetir una deriva sobre el mismo escalón puede producir más picadas que desplazarse sin rumbo.
Al atardecer, los reflejos cobrizos sobre el granito y el silencio de los brazos del Esla marcan el momento más especial: abajo, entre la vieja vega inundada y la oscuridad del fondo, la lucioperca espera inmóvil el paso de un pez pequeño.
Recomendado: Sonda portátil para embarcación