El barbo comizo de septiembre en Alcántara
Barbo comizo de septiembre en Alcántara

El embalse de Alcántara llega a septiembre con el agua muy alta, entre aproximadamente el 75 y el 88% de su capacidad, aunque la tendencia reciente es descendente. Ese vaciado mantiene movimiento en el Tajo y concentra alimento en orillas, bocanas y pequeñas entradas de corriente. El barbo comizo aprovecha esas franjas al amanecer, cuando el agua conserva oxígeno y la luz todavía no alcanza las mesetas.
La primera pasada entre encinas
La jornada empieza junto a las orillas de encina, las puntas someras y los escalones que caen hacia una cubeta profunda. El primer recorrido debe cubrir entre 0,8 y 2,5 metros, con una deriva lenta y cercana al fondo. Si el nivel sigue bajando, los brazos del Tajo y los remansos ganan valor: los peces encuentran allí ninfas, cangrejos y alburnos arrastrados por el agua.
En los sectores amplios, con profundidad próxima, los ejemplares grandes suben a comer durante pocos minutos. La señal suele ser discreta: un roce en la línea, una parada seca o el plomo que deja de avanzar. Septiembre favorece los amaneceres frescos y las horas de luz suave; con el sol alto, el barbo comizo suele separarse de la orilla.
Montaje para tocar fondo
Una ninfa pesada con cabeza de tungsteno de 3,5 a 5,5 milímetros permite alcanzar rápido el fondo en corriente suave. El anzuelo del 8 al 12 y un bajo de fluorocarbono de 0,18 a 0,22 milímetros soportan mejor la roca, las raíces y la madera sumergida. La presentación debe ser limpia, con tirones cortos únicamente cuando el pez patrulla muy pegado a la encina.
La bajada del embalse puede estrechar la zona útil durante los próximos días, pero también dibuja canales y bordes fáciles de leer. Al romper el día, la ninfa pasa entre sombras, la línea se tensa junto a una punta de tierra y el barbo comizo gira bajo la superficie parda de Alcántara.
Recomendado: Bajo de fluorocarbono resistente