Acabado y brillo del señuelo
La forma y el peso del señuelo determinan el movimiento, y tocarlos significa crear otro señuelo distinto. El acabado no entra en ese cálculo en absoluto: solo cambia la señal.
Tres formas de devolver la luz
La superficie de espejo devuelve la luz en un destello estrecho y nítido. La mate la dispersa de forma suave y uniforme, sin límites bruscos. La lámina holográfica descompone la luz en franjas de color, es decir, da un destello de otro carácter, no más fuerte. No existe una cuarta forma: todo lo que se vende con otros nombres se reduce a estas tres.
El holograma es una lámina, no pintura
La lámina holográfica se pega al cuerpo y se cubre con barniz por encima. Por eso su daño típico es distinto: no es desgaste, sino despegue por el borde, tras el cual el agua entra bajo la lámina y la vuelve mate por dentro; eso ya no se puede reparar. El níquel y el cromo, en cambio, se aplican por galvanizado, en una capa fina directamente sobre el metal, y eso apenas afecta al peso del señuelo.
El metal bajo la pintura
En la cucharilla bajo la pintura está la propia lámina metálica, y es ella la que trabaja cuando la pintura se va. En el pez artificial bajo el acabado hay plástico, así que un acabado rayado no deja al descubierto nada útil: solo queda el cuerpo desnudo.
El vinilo se colorea de otra forma
No se recubre por encima, sino que se colorea en toda la masa: el pigmento y los brillantes están mezclados en la propia goma. Por eso el color del vinilo no se desgasta hasta la base: se decolora y se enturbia entero, junto con el cuerpo, y no hay forma de restaurarlo.
Qué se desgasta primero
Los bordes, las esquinas y la zona frente a los anzuelos: donde el señuelo toca la piedra y el fondo. Las superficies planas aguantan más, y precisamente por ellas se ve cómo era el acabado al principio. Por eso un señuelo desgastado en la caja no es motivo para descartarlo: tiene un lado gastado y el otro intacto.
El tiempo juega en contra del brillo
El cobre y el latón se oscurecen con el agua y el aire; el níquel y el acero inoxidable no. Un señuelo oscurecido pierde el destello nítido, pero no pierde las vibraciones: de los dos canales se apaga solo uno, y el señuelo se vuelve distinto, no defectuoso. El latón se puede devolver al brillo con bicarbonato normal si hace falta.
Qué se puede cambiar a mano
El acabado es lo único que el pescador cambia por su cuenta sin consecuencias para el movimiento: un rotulador en el costado, una franja de barniz fosforescente, una pegatina holográfica. El peso no aumenta con eso, el centro de gravedad no se mueve, y el señuelo sigue siendo el mismo. Con la forma eso no funciona.
Qué hay en este apartado
Dos fichas: sobre lo que realmente aporta el brillo, y sobre los acabados luminiscentes y ultravioleta, los únicos capaces de dar algo allí donde ya no hay luz normal.