Flotadores: fijos y corredizos

El flotador parece un simple avisador: flota, pega un tirón, clavas. En realidad solo trabaja en un margen muy estrecho — equilibrado con plomo casi hasta el límite de flotabilidad, cuando sobre el agua queda la antena sola. Fuera de ese estado es una pieza que flota y nada más.

Una pregunta divide todos los flotadores

¿El flotador va sujeto al hilo o corre por él? La respuesta define todo lo demás. En el fijo la sujeción no se mueve, y la profundidad de pesca no puede superar el largo del aparejo: para sacar el pez hay que levantar el montaje sobre el agua. En el corredizo el flotador sube libre por el hilo hasta el tope, y la profundidad deja de depender de la caña.

De ahí divergen el montaje, el alcance y la profundidad desde la que se puede pescar. El desglose de ambos está en los flotadores fijos y los flotadores corredizos.

El flotador solo trabaja equilibrado

En la quilla o en el cuerpo está escrita la capacidad de carga: la masa que el flotador sostiene sin salirse de su posición de trabajo. Con menos plomo asoma sobre el agua y no muestra el toque cauteloso; con más se hunde con la ola, y la picada no se distingue de las ondas.

Es la única pieza del aparejo con la condición de trabajo escrita encima: no un consejo, sino un número sin el cual no funciona. Aparte está el desglose de la capacidad de carga del flotador.

La forma depende de dónde viene la fuerza

Donde hay corriente, el agua tira del montaje desde abajo, y un flotador con la parte ancha arriba se apoya en esa fuerza en vez de tumbarse. En agua quieta no hay fuerza desde abajo, pero sí viento y ola desde arriba: ahí gana un cuerpo fino y alargado, al que la ola no levanta.

Por eso la forma no va de belleza ni de moda: es la respuesta a una pregunta, de dónde viene la fuerza en esta agua. Basta con equivocarse de agua y el flotador correcto empieza a trabajar contra el pescador.

El material fija el volumen a igual capacidad de carga

La madera de balsa, el poliestireno, el plástico y la pluma de ave sostienen pesos distintos con el mismo volumen. Un material más ligero da una pieza más pequeña con la misma capacidad de carga, y una pieza más pequeña opone menos resistencia cuando el pez tira del cebo hacia abajo.

De ahí viene toda la diferencia de precio entre flotadores que por fuera son iguales: se paga por el volumen a una capacidad de carga dada, no por la pintura.

El flotador y el plomo son un mismo sistema

En la pesca a flote el peso no se elige libremente: lo fija la capacidad de carga escrita en el flotador, y los plomos se ajustan a ella, no al revés. Menos peso y el flotador se tumba de lado; más y se hunde.

Es el único punto del aparejo donde el peso lo dicta otra pieza. En el resto de los montajes la elección sigue siendo del pescador.

Lo que el flotador no hace

No mantiene el cebo a la profundidad marcada por sí solo: la profundidad la fija la distancia del anzuelo al punto de sujeción, y el flotador solo impide que cambie. Y no hace la picada más visible si al montaje le falta plomo: entonces el pez tira del cebo y el flotador sigue quieto.

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